La pesadilla de Hipolito.

Siendo tarde en la noche, se escucha un grito en la casa, el niño Hipólito se ha despertado. Sale el padre corriendo a ver el estado del niño, una pesadilla estaba teniendo. No temas mi niño papito esta aquí, le dice el corpulento hombre, no llores más despertaras a tu hermana. La niña dormía tranquila, no escuchaba nada. Bajo la tenue luz del velador Hipólito pide al padre que le cuente un cuento y así se dispone este a hacerlo. Un día, hace mucho tiempo, en el campo vivía una familia. Eran muy felices. Trabajaban la tierra, sembraban y cuidaban animales. El niño de la familia tenía un perro… Falucho se llamaba era un ovejero negro, buen perro, trabajador, arriaba solo hasta doscientas ovejas, y si alguna se desviaba la acomodaba mordiendo, sin dañar, los garrones. El niño y el perro eran muy compañeros, a todos lados lo seguía. Hasta la escuela y cuando el padre lo necesitaba solo con silbar al aire el perro arrancaba. Un día el niño, que jugaba en la tapera, sufrió una herida y el perro fue en busca de ayuda y se quedó a su lado mientras se recomponía. Llegada a esta parte del cuento que el padre de Hipólito contaba este se había dormido. Entonces el padre lo beso en la frente a él y a la niña, Marcelina, y volvió a su cama, lo esperaba su mujer, una hermosa dama, que antes de escuchar nada dijo pobre niño siempre soñando cosas malas. Ven cariño acuéstate que es muy tarde. Entonces fundidos entre abrazos de ternura se durmieron.

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