Acostado en mi cama

Acostado en mi cama, solo asoma mi nariz; resfriado en este comienzo de invierno, sin fiebre por el momento pero es sumamente molesto. Ni médico, ni remedios, me curan de un resfrió; este se va cuando quiere hacerlo. Siempre pasa lo mismo, a puro té caliente, una mezcla de paracetamol con manzanilla de 2,15 $, solo con eso combato a este resfrío que, obviamente, es viral.

La noche llega a su existencia media y mi nariz colorada tal si fuera payaso. Entre estornudos y, perdón pero no quiero mentir, mocos es imposible conciliar el sueño. Los dioses no me dan el don del sueño, como suponían los griegos que se alcanzaba el buen dormir.

Transpiro, síntoma que la fiebre está diciendo presente. Si tengo suerte alucinare vaya a saber que, espero no sea como las otras veces. Sudo y mis sabanas se mojan como si lloviera sobre mi casa sin techo. Tiemblo de frio, pero transpiro de calor. Patologías y síntomas, virus y, porque no mencionar aquí a, algunas pulgas. Fiebre, frio y calor. Tos y estornudos. Un asco.

La noche llega al final, comienza el día. La nariz totalmente tapada. El cuerpo agotado, es que dentro de él se ha dado batalla por todo el lapso de oscuridad. Mis anticuerpos están en ese campo bélico fagocitando  los restos enemigos. Glóbulos blancos y linfocitos se dirigen al hospital de campaña a curar heridas. Mientras esto ocurre el enemigo, esos virus gripales, se reagrupan, no juntan a sus víctimas, no les importan. Forman nuevas filas, aunque, dan tregua por unas horas, mientras se reorganizan, a mi cuerpo. Sus antígenos juntan fuerzas y buscan mutar para no sucumbir ante el paracetamol y, alguna que otra, bayaspirina C grandes aliados de mis linfocitos T. Terrible fue la batalla de anoche, ¿Cómo será la de hoy?, ayudare a mi sistema inmunológico, que sería como todas las fuerzas de seguridad, con algún antiviral que mezclare, por las dudas, con amoxicilina. Mis soldaditos estarán bien preparados.

Espero, es buena idea, alucinar, cuando por la noche tenga fiebre, con esta batalla, esta guerra interna donde mi cuerpo, tarde o temprano, por el momento lo sé, ganara. Se elevara en los mástiles virales la bandera blanca que mis células defensoras no respetaran y fagocitaran para expulsarlas por todos mis poros y orificios.

 

 

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