Caminata matutina.

Camino por esa espesa neblina, es por la mañana expectorante, mis pulmones recogen el puro aire que me rodea. Camino, me dejo llevar por la costa de ese inmenso mar que me invita a seguir caminando. Lo olores son todos puros. El humo, de las casitas de la orilla, se eleva en columnas apetitosas de ese pan casero para el desayuno. Harina amasada por manos laboriosas. El sol está mostrando sus primeros rayos. Mis pies descalzos se entierran suavemente, paso a paso, en esa fría arena. Es tierna su caricia. Soy nómada en las mañanas, de un lugar a otro camino, ando. Las pequeñas embarcaciones comienzan a perderse mar adentro, meneándose al compás de olas suaves. Pescadores salen sonrientes con gorritos de paja y collares artesanales. Sus manos escarpadas por trabajosas hazañas de tiburones y grandes peces.

Los médanos se elevan suaves, repletos de “uñas de gato,” verdeoscuras, que los cubren como sabanas de vida. Médanos que, donde la intemperie, se marcan con surcos de vientos zigzagueantes. Algunos niños madrugadores salen ya a la playa en busca de nuevas aventuras, sonrientes y desafiantes; juntan caracoles y piedritas. Algunas escolleras son montañas inmensas para su imaginación, sobre ellas ven el mar como se ve la tierra desde el Everest, perfecta e infinita.

A lo lejos se oye una guitarra con melodías alegres. Suenan a su compas tambores felices que cantan a la mañana. La niebla parece, gracias a la brisa, moverse a ese ritmo. Va y viene con cada golpe y rasgueo. Son dos hombres ancianos los que se levantan cantando y tocando. Sus blancas barbas y sus canosas cabelleras, piel tostada y arrugada, los convierten en personajes únicos. Dos señoras vuelven de la orilla, caminando despacio, con canastos de mimbre. Mueven sus grandes caderas con cada paso. Veo sus sonrisas gracias a sus blancos dientes. Van murmurando suavemente.

Una nueva mañana, una nueva caminata, que me recuerda lo hermoso de nuestra existencia, corta pero existencia al fin, sobre esta tierra hermosa. Una caminata que, aunque, en mi imaginación me traslada a esa playa, a esos olores, junto a esos personajes,  para olvidar problemas innecesarios, problemas irrelevantes, tareas poco satisfactorias. Una nueva caminata por mi mente que me traslada, como si fuera un acto de defensa, a mundos hermosos cada mañana. Así puedo empezar el día sin problemas y preocupaciones. Así puedo andar todo este día positivamente. Así, alegremente, supero cada obstáculo que se presente. Porque si uno se levanta con hermosas sensaciones no habrá nada en el día que lo haga fastidiar. No puede existir en el mundo situación alguna que me haga olvidar lo hermoso del paseo matutino, aunque por  imaginarios que sean, que me llenaron de paz y energía.

 

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