Guerra entre Yo y Yo Mismo

Se ha declarado la guerra. Una guerra cruel, sangrienta, mortal. Una guerra donde ninguno de los dos bandos quiere deponer armas. Es terrible, dolorosa. Pero, en esta guerra, el único que sufre soy yo. Es esta guerra entre Yo y Yo Mismo. Es campal. Yo quiero triunfar, en lo más íntimo de mí, quiero hacerlo pero mi Yo Mismo no me deja. Me persigue por las noches con pesadillas profundas, con malestares generales, con dolores de cabeza, con angustias infinitas, con ideas estúpidas. Mi Yo Mismo me está destruyendo. Yo no se rinde, yo no me rindo. Doy feroz lucha, aunque, con menos armas y estrategias lucho. En realidad, trato de sobrevivir y en esta supervivencia del Yo pretendo destruir al Yo Mismo. Sería como ganar por cansancio, espero que no sea Yo el que se canse primero.

No termina nunca, hace ya 24 años que se viene disputando esta interminable guerra. Espero no sea como la de los 100 años. Peleo, peleo en todos los frentes. Peleo cuerpo a cuerpo contra esas armas que Yo Mismo dirige hacia mí. Lucho, lucho.

Es tan maldito, es tan malvado, es el mismísimo demonio; ese Yo Mismo me quiere destruir. Yo se resiste incansablemente pero se nota agobiado. El arma de Yo Mismo que, sería como la criptonita para Superman, utiliza con más eficacia y frecuencia es introducir en la imaginación de Yo imágenes destructivas que carcomen el alma. Por momentos Yo cae en esas marañas de sandeces, se enoja, le duele, intenta sobreponerse y, tarda pero, lo hace. Se sobrepone, lucha. Yo Mismo se ríe en la cara de Yo cada vez que sufre en los rincones de su interior. Yo no piensa en venganza, no piensa en rendirse, no cree en la maldad, confía pero es dificilísimo para él luchar todo el tiempo contra eso. Las otras “balas” no le hacen tanto daño pero esa lo desarma, lo pone contra las cuerdas.

No termina nunca, hace ya 24 años que se viene disputando esta interminable guerra. Espero no sea como la de los 100 años. Peleo, peleo en todos los frentes. Peleo cuerpo a cuerpo contra esas armas que Yo Mismo dirige hacia mí. Lucho, lucho.

Espero no sea como la de los 100 años.

 

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