(No se como titularlo)

Cuando uno llega al máximo de tolerancia. Cuando la templanza se quiebra ante la impotencia de los oprobios. Cuando la esperanza de no tener que esperar un olvido es devastada. Es en ese preciso momento donde los grandes hombres de esta tierra tienen dos opciones o ceder a  esas vicisitudes o endurecer su espíritu para no caer en las tentaciones más  infames de la vida.

Son esos momentos en los que las piedras en el camino, los obstáculos e infinitudes de nuestra existencia nos obligan a salir a delante a pesar de los errores. Nos obligan a observar las grandezas, aunque se hallen en las pequeñeces, de la vida. Esas enseñanzas que nos permiten avanzar en nuestro futuro y nos llevan a decirnos que la vida es una, que la vida es corta.

Uno no puede detenerse ante las maldades o bondades de las cosas, de las personas. Uno no puede detenerse ante las adversidades. La grandeza del hombre está en seguir erguido por el sendero y no doblegar su alma ante malos sentimientos y remordimientos. Los buenos recuerdos, las alegrías deben inundar el alma como el mar lo hace en la tierra.

Muchas veces escucho que el hombre es malo por naturaleza, muchas veces lo creí, pero, hoy me encuentro convencido que no es así. El hombre comete errores, el hombre tiene traspiés, pero el hombre, en su más íntima fibra, tiene la capacidad de pedir perdón y perdonar. El hombre no se deja avallasar por sentimientos espurios y cuando lo hace envenena su alma y su existencia. Recordemos lo corta de la misma y pensemos si no es más bello vivir con hermosos recuerdo y grandes objetivos.

Hay momentos en los que situaciones nos detienen de golpe y son esos momentos en los que el hombre debe repensarse y salir adelante. Son esos momentos en los que las penas deben fortalecerlo. Así, este Kanguro pide perdón. Así este animal –racional- perdona. Así y solo así puede seguir un alma pasajera por la tierra. No se trata, muchas veces, de entender cosas inexplicables o inentendibles; pues la capacidad de raciocinio otras tantas lo impide. El tiempo, de todas formas, es educador y enseña, muestra y corre el velo a aquellas cosas que la existencia misma oculta. No hay que perder tiempo en lamentos. No hay que perder el tiempo en búsquedas innecesarias. En malos sentimientos.

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