Prepared (Preparados)

Eran las 11:12 de un cálido día pre primavera, últimos días de agosto, hacia unos 20 minutos habían hablado porbe-prepared última vez. Él se encontraba en la oficina, trabajando como todos los días desde hace más de 15 años. Ella también trabajaba, lo hacía desde su casa a unas, para ser exactos, 14 cuadras de distancia. En ese preciso minuto 12 de la hora 11 se siente un vuelo rasante, las alarmas de los autos y algunas casas comienzan a sonar. La sirena del cuartel de bomberos más cercano también y con fuerza. Sin que el minuto cambiara se escucha otro vuelo y un horrible sonido. Nadie sabía que pasaba aunque todos internamente
sabían que no era bueno. Él estaba volviendo del baño a su escritorio, acelero su paso y debajo de la cajonera, al lado de donde normalmente apoya sus pies, una mochila, la  toma. ¡Bombas! Gritan, sale corriendo sin pensarlo, solo una era su prioridad.


Catorce cuadras de distancia y a la misma hora ella escribía un nuevo libro, su trabajo era ese escribir. Cuando sintió el mismo ruido  automáticamente, como si ya lo hubiera hecho antes, corrió hacia la puerta, junto a ella una mochila la tomo y corrió escaleras abajo, solo tres pisos. Sabía lo que tenía que hacer. Todo comenzó a temblar, se escuchaban los mismos ruidos en todos lados. Gritos, gente pidiendo socorro. Salió del edificio y se dirigió hacia la esquina, la que le quedaba a unos treinta metros.  Nuevamente tres aviones pasaron y silbidos fuertes se sintieron, silencio y estruendo todo en fracción de segundos. Fuego, temblor y polvo.

El corría a toda prisa entre escombros, corría agitado, miraba atento a todos lados. Escucho el avance de los aviones y automáticamente detuvo su marcha, atento, estruendo y ¡BOOM!… siguió corriendo. A unas siete cuadras de su destino tuvo que detenerse. Aprovechando el momento saco de su mochila una radio, canal 5 sub canal 32 –agitado-  < ¡Junko, Junko, Junko!  Aquí Edmund> -silencio- < ¡Junko, Junko, Junko!  Aquí Edmund> -ruido de descarga-. No volvió a llamar y siguió corriendo cuando llevaba unos doscientos metros… gshhhh, gshhhh,-ruido de descarga en la radio- <Edmund, Edmund aquí Junko ¿me oyes?>, respiró aliviado y sin detenerse contesta < ¡Junko! ¿Te encuentras bien? Estoy yendo para allí ¿QSL?>, ella < ¡QSL!  Estoy bien, estoy bien. Me dirijo al punto de encuentro>, <QSL, cuídate, QAP> se escuchó y luego silencio.

Nuevamente vuelos rasantes y más bombas. Las catorce cuadras más largas de sus vidas. El punto de encuentro estaba a solo dos calles del departamento de ambos. Un café, el café en que se habían conocido, el punto que dio inicio a todo era el punto acordado para encontrarse. Ella esperaba mientras la gente alrededor corría a los gritos, eufórica, algunos heridos, otros desorientados. Un caos. Aunque sabía que el venia y estaba bien, ya sentía ansia y el latido de su corazón aumentaba. Intentaba recordar que debía mantener la calma y lo estaba haciendo muy bien. < ¡Junko! ¡Junko!> Se escuchó entre la espesa neblina. Había llegado. Se vieron y abrazaron por un instante, ella se permitió llorar mientras èl la tomaba de la mano y empezaban a caminar ligeramente hacia el lugar de resguardo.images Ella le preguntaba qué era lo que estaba pasando, porque pasaba. No entendían bien que era todo eso. Lo que si sabían era que habían bombardeado la ciudad ¿Quién y por qué? Era algo desconocido. También sabían que tenían que llegar a un lugar seguro. Así comenzaba esta travesía que en condiciones normales le lleva entre 14 y 15 horas pero en estas  iban a pasar más tiempo intentando.

Por momentos caminaban tomados de la mano por las calles desbastadas. Nada los detenía. El cielo grisáceo, en realidad no se veía, pues el polvo que flotaba en el aire tapaba todo paisaje más allá de los treinta metros. Se encontraban caminando, escapando, buscando resguardo. Era dificultoso respirar, estaba denso el aire. Gritos se escuchaban de todos lados, alarmas, sirenas, más gritos y algunos disparos. Los altos edificios no estaban y si estaban no los veían. Escombros en las calles, autos abandonados y escombros sobre ellos, vidrios, papeles volando. Un escenario de película, desolador. Ellos caminaban, no se detenían. Tenían bien claro que hacer, a donde ir. Estaban preparados.

Habían caminado poco más de dos kilómetros cuando llegan a un lugar que parecía estar tranquilo, el ruido obviamente no cesaba en ningún momento y la tranquilidad que parecía reinar no era otra cosa más que el “aclimatamiento” a la situación que los invadió. Se detienen y de la mochila el saca una “walkie” y pone la frecuencia de emergencia y en ella se escuchan demasiadas voces juntas, todos hablan y se pisan, por lo que cambia a otra frecuencia perteneciente al ejército y en ella si se escucha bien claro –una conversación entre los que parecen ser dos oficiales y uno de ellos no se encontraría en servicio en ese momento- “Nos están invadiendo debes dirigirte al cuartel del bajo y alistarte, de todas maneras ve con cuidado pues ya están sus tropas en las calles. Es una masacre, no tienen piedad, están acabando con todo.” El otro oficial responde “¿Quién nos invade? ¿Cómo que acaban con todo?” no hubo respuesta.

Apagaron el “walkie” y volvieron a ponerse en marcha, tenían que llegar a un campo que se encuentra a unos 80km de ahí. Era un campo que habían comprado hacia unos años, luego del 11 de septiembre para este tipo de situaciones. Si bien se encuentran en otro país, el lugar donde viven es capital comercial también y los países limítrofes son bastante conflictivos. Todos se les reían cuando ellos comentaban que estaban preparados, todos relacionaban eso con cosas irreales pero por el momento lo que ellos tenían planeado funcionaba. Sin embargo, la situación parecía ir poniéndose cada vez más compleja. Ya eran las 17 horas y seguían caminando, con precaución. Cada tanto paraban para escuchar las radios vhf  la situación empeoraba. Se escuchaban tiros, gritos y el ruido de lo que parecían ser grandes tanques y el rechinar de metales bajo sus pies. En el trayecto cruzaban personas desorientadas que pedían socorro, heridos y muertos por doquier, a algunos sobrevivientes ayudaron en el camino aunque la idea era no detenerse.

El día, antes que todo comenzara, estaba soleado y cálido, saben que el sol todavía está pero no lo ven y el calor es abrumador. Se escuchan botas, metrallas y petates militares. Entran en un edificio al que le falta todo un lado y no le quedan vidrios sanos. Llegan a la parte trasera del mismo y esperan media hora. Luego él sale a verificar si pueden o no salir de ahí se mantienen en silencio y caminan contra las paredes. Una luz lo enceguece y ven de la cima de un edificio un reflejo ella reconoce la señal y le aprieta la mano. Cruzan la calle, tiros tras ellos, gritos y el <Junko apresúrate, ¡¡¡corre!!! rodea el edificio no entres por delante> asiente y sigue con paso firme. Entran y escuchan < ¡Alto ahí!>, se detienen y Edmund grita <Tranquilos vimos un reflejo y vinimos, somos buenos> sin siquiera saber que significaba ser bueno en ese momento. <Suban>. Entran en un departamento en el piso cuatro, dentro cinco soldados de su país el más joven dice <Identifíquense>, <Somos Edmund Hillary y Junko  Tabei, civiles, nos dirigimos al sur, a la zona de campo> <Esta bien –responde el joven- descansen un  rato aquí y después continúan si quieren, atento a lo que escuchemos por la radio y las ordenes que recibamos. Nos han atacado –continuo explicando-, estos creídos nos han invadido sin aviso alguno, ¡como ratas!> < ¿Quiénes –interrumpe Junko?> <Los del este, siempre son los del este, será el viento o el invierno que pasaron pero se han enloquecido. Escuchamos todo tiempo de atrocidades por nuestras radios.> silencio, nadie habla.

Luego de una hora Edmund decide que ya deben partir pues está obscureciendo y cree que podrán andar más tranquilos ya, ocultándose más fácil. Acuerdan una frecuencia con los soldados pero Edmund y Junko no revelan su destino. Los soldados les informan que no deben tomar las vías convencionales de salida de la ciudad y les recomiendan una por la que seguramente encontraran más compañeros de ellos. Se despiden sobriamente y comienzan su caminata. Siempre sobre las paredes de los edificios. Ya está obscuro, si bien el polvo ha disminuido se percibe un aire denso, cargado. No hay luces solo se ven algunas linternas y velas y sombras ocultas. Ellos caminan a ciegas, de vez en vez Edmund alumbra para verificar alguna cosa puntual.

Eran ya las 20 hs y Junko estaba cansada, nerviosa y algo deshidratada. Edmund busca un refugio para poder descansar. Recuerda que dos cuadras más adelante hay un almacén le comenta a Junko que sería bueno llegar y ver si encentran agua y alguna otras cosas más, por lo que se dirigen lento. Esta desolado, todas las vidrieras rotas, El entra lentamente, temiendo que alguien se encuentre aprestado tras el mostrador pero no, Junko entra y van a tomar algunas cosas, saben bien que es lo que deben agarrar y que no. Se aprovisionan y emprenden nuevamente camino, pues ese no era un lugar seguro para detenerse a descansar. Continúan avanzando y entran en un edificio Edmund decide llegar hasta la terraza y se quedan en la entrada pues no parecía buena idea quedar expuesto. Mientras el vigila y verifica la zona ella comienza a cocinar, prende el hornillo a alcohol que lleva en su mochila y prepara la cena, sencilla sopa de arvejas, pan y agua pero cuan reconfortante era. Una vez finalizada, él le dice a Junko que duerma un rato para luego continuar, así lo hace.

A la 01 del día siguiente él la despierta, ya tenía todo guardado y acomodado. Bajan del edificio y continúan. El olor era raro una mezcla de madera y gomas quemadas, el aire seguía tan cargado como la mañana anterior, había refrescado, eso sí había cambiado. Reinaba un silencio atroz que solo era interrumpido por algún tiro y algún grito pero siempre aislado y, generalmente, uno seguido del otro.  Siguieron caminando, no se detuvieron.

Comenzaba a aclarar llevaban sin detenerse más de 5 horas, Junko le toma la mano a su esposo y se detienen a verificar la ruta pues era necesario rever el plan.  Se encontraban a unos 30 kilómetros de su destino, pero eso es lo preocupante quedaba la salida de la ciudad y los poco más de 20 kilómetros de descampado. Ya la zona en que estaban era de  casas bajas, de las afueras de la ciudad, lo que cada vez menos protección brindaba. Estaba más despoblado que en el centro pero había muchos cadáveres. Internamente Edmund estaba asustado pero no quería demostrarlo para no asustar a su esposa. Sentados en el interior de una vivienda abandonada el día anterior, Junko saca su mapa y compas y comienzan a estudiar las vías posibles. Se deciden por una, que parece ser la más segura. Tienen que ir por la costa de un rio aproximadamente 15 kilómetros y luego volverse al oeste el resto del camino. Toman la precaución de ir alejados por lo menos 50 metros del rio pues es lugar de resguardo y reacondicionamiento de muchas patrullas –según habían “estudiado”-. Continúan.

Junko tropieza y cae al húmedo suelo. Ya está de día y aquí no hay humo sino niebla lo que brinda cierta tranquilidad. Le sangra la nariz y Edmund la cura tiernamente con algodones y agua oxigenada. Aprovecha la ocasión para hacerle caricias suaves en el rostro que la reconfortan inmensamente. Tiros, escuchan tiros y por un instante creen que han sido descubiertos pero no, se echan contra el suelo. Logran escuchar –por la frecuencia acordada con los soldados- que un grupo de personas que intentaba escapar de la ciudad por la costa del rio se chocó con soldados enemigos y los asesinaron sin piedad. Junko comienza a temblar entre los brazos de Edmund quien la aprieta contra su pecho y le susurra al oído <Tranquila, estamos y vamos a estar bien, ya falta poco. Continuemos> Junko levanta la vista y con sus ojos todos vidriosos por las lágrimas le dice <Tengo miedo, tengo miedo que algo te pase,  me asusta demasiado. Temo perderte> <Tranquila nadie va a perder a nadie. Sigamos> replica él.

Llega el momento de volver al oeste. Ahora si totalmente descampado, pero saben que a unos pocos kilómetros encontraran el monte que los protegerá. Ya están en tierras suyas, lo que de cierta forma los tranquiliza. Caminan entre matorrales secos y pequeños brotes de adelantados pastos. Logran divisar el monte y en línea recta se aseguran de no separarse. Se han despojado de aquella ropa y accesorios que puedan llamar la atención o que produzcan reflejos pues podría ser la diferencia entre seguir caminando o no. Falta menos. Son las 13 hs, llevan más de 24 horas  y están cansados. Llegan al monte y su casa parece estar  intacta lo que es sumamente bueno. Pero no entran en ella la pasan unos 100 metros y en el piso bajo una alfombra camuflada una puerta que los lleva a un bunker, ahí donde permanecerán el tiempo que sea necesario.

Todos se les reían por llevar con ellos unas mochilas de “supervivencia”, todos se les burlaban por estar preparados y los cargaban con apocalipsis zombis y cosas raras pero ellos se prevenían contra la maldad humana. Juntos lograron escapar a esa inútil guerra, se mantuvieron ocultos más de cinco meses, saliendo muy pocas veces hasta la casa a buscar algunas cosas que podían usar.  Se mantenían al tanto con las radios vhf y las antenas ocultas en el monte junto con paneles solares también ocultos que los mantuvieron conectados. Ayudaron a otros a través de comunicaciones y escondieron en ese bunker  a algunos soldados entre ellos al joven que los ayudo aquella primer tarde. Gracias a ellos se intervinieron mensajes de los invasores y se ubicaron blancos enemigos. Todo por estar preparados.

 

 

 

 

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