Patologías de un ser social que no quiere serlo.

Hay miles de cosas que se pueden hacer en nuestra corta existencia pero hay millonesAngustia que no. Con esta idea  comencé este día que, lejos de ser uno más, es un día pésimo.  Sea por las sucesión de hechos inesperados que me han atacado injustamente, sea por el pesimismo que me invade ahogando cualquier signo más (+) en mi alma. Es de vacío la sensación, de pena el sufrimiento y de agotamiento mi poca voluntad. En algún rincón de mí, sin embargo, existe esa voz suave que dice: “Levántate… que es corta la existencia y no puede pasársela uno lamentándose, llorando o esperando el fin. Levántate que hay mil cosas para hacer.” Pero ese rincón, esa voz, esta tan lejos de todo que solo logro escucharlo haciendo sobrehumano esfuerzo.

Las horas pasan y esa negatividad va en aumento. Los pensamientos cada vez más obscuros ocupan todo en mí. Todo es perdida, abandono, no querer; todo es no poder, no hacer, no sentir –otra cosa que no sea mala-.  ¿Cuándo terminara esta sensación? ¿Cuándo acabara este sufrimiento?

Trato de analizar causas, efectos, situaciones, gentes que me rodean, todo trato de analizar para entender ¿Por qué? En realidad, analizando todo, no se entiende y no encuentro respuesta. El hombre es un ser social por naturaleza, estoy cansado de decirlo y harto de escucharlo, estoy hasta la hostia de Aristoteles. Por momentos, los más, quisiera estar aislado sin que nadie me haga mal, sin que nadie me hable, sin que nadie me quiera o me odie. Por momentos quisiera ser ese árbol de la plaza que solo, en medio de otros, no se relaciona con nadie, ni siquiera con esos pájaros que se posan en sus ramas. Pero el ser hombre me lo impide, inevitablemente debo relacionarme con otros seres racionales –en su mayoría ¿no?- como yo. Involuntariamente pertenezco a esta raza humana que se ve obligada por naturaleza a comunicarse. Y es, en primera media, esta naturaleza la que me perturba.

Los celos y la envidia, también grandes culpables de todos mis males, suelen invadirme. Esos, también sentimientos negativos, me llenan de malos pensamientos e injustas acusaciones. De perjuicios y debilidades. Esos dos, malditos sentimientos, inundan de negatividad mi autoestima, tan bajo por momentos, que pocas veces logra levantarse. Es una batalla interna, una guerra interna, la que se lleva a cabo. Una disputa interminable entre pensamientos y sensaciones. Mi voluntad débil, por caprichosa, intenta hacer millones de cosas cuando sabe que solo miles son las que se pueden hacer; produce en mí una frustración inmensa de fracasos continuados y reveces desmedidos que me achacan la existencia, que como sabemos es corta.

Al final, aquí, ahora una lagrima recorre mi alma y mi corazón llora desconsolado por la sangre que se derrama en mi interior sin siquiera saberlo, más bien, sin quererlo. Esa lágrima va mojando mis sentimientos, mis ilusiones, mis esperanzas. Esa lagrima salada baña mis heridas que no cicatrizan y arden a su paso. Y es mi alma apenada la que continúa sufriendo por los dolores causados por enfermedades no diagnosticables o en su caso incurables.

(Fuente de la imagen http://www.caiofabio.net/conteudo.asp?codigo=02491)

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