Solo un sentimiento (desempolvando viejas añoranzas)

Es una constante que en todos los viajes que realizo los distintos “acentos” se me “peguen”. Es decir, voy a Córdoba y retorno hablando cordobés, voy a Salta y retorno hablando salteño y así a todos los lugares que voy. No se porque me pasa esto pero sucede y no lo puedo evitar.
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Individuo cosmico

Agradezco a la fiebre que me hace alucinar sin ser alucinógeno y que me permite volar sin necesidad de tomarpt caminos indebidos. Agradezco a la fiebre y esos cuarenta grados que me hicieron ver una realidad. Adelanto que soy católico apostólico romano en teoría, fundamentalista en el discurso y ateo en la práctica, se entiende? Y fuera de aquí los evangelistas sectarios –otro día hablaremos de religión pero debía, luego se darán cuenta porque, hacer aquella aclaración-.

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La lección de Bob

Cuando mi Bob Marley –un porta sahumerios- fue destruido por un infante hiperactivo aprendí una importantísima lección.  Todos han oído hablar de ese cantante de reggae, ese jamaiquino rastafari, ¿Quién no? Sus canciones de protesta, de paz, de revolución –pacifica-, de vida libre y libertad, en contra de la esclavitud. Sus melodías suaves y de relax,  como continuación de esa paz y libertad que pregona la letra.

IMG-20131224-00607Mirando bien mi porta sahumerio no se bien si es Bob o algún otro rastafari pero en definitiva la lección fue y es la misma. Este objeto tiene en su rostro una sonrisa blanca que resalta a su piel obscura, una risa de divertimento, una risa relajada, una risa que dice “la paso bien” o, mejor aun, “soy feliz”. Cuando voló por los aires –involuntariamente- su risa continuo ahí, cuando se partió en 10 o 12 pedazos su sonrisa continuo inmutable, cuando lo limpiaba y toqueteaba sus blancos dientes seguían a la vista. Cuando lo pegaba con ese adhesivo verde súper “toxico” su expresión siguió siendo la misma, felicidad.

Esa imagen de un tipo relajado tirado boca arriba con lentes de sol, sus rastas saliendo por el costado de su cabeza bajo una gorra con los colores de la bandera de Jamaica. La sensación de disfrute al ver sus brazos cruzados bajo su nuca, sus pies estirados, su ropa cómoda, remera y pantalones sueltos, sus pies descalzos, lo ponga donde lo ponga ese tipo esta bien, ese tipo esta feliz. Esa imagen es reconfortante porque este sobre el asfalto en medio del caos de la ciudad el esta feliz, lo ponga sobre el verde césped es el feliz, o sobre una cornisa, o bajo el agua o aun volando para caer y destruirse, nuca pierde la felicidad, es feliz.  La lección es esa, esta ahí, que sentido tiene cambiar el ánimo, ponerse mal,  ser infeliz. Pase lo que pase la vida se pasa mejor si uno la pasa bien. La lección es simple mantenerse sonriente minimizar los problemas, maximizar las soluciones. Y si tenes que mandar a alguien a la mierda… no dejes de sonreír esa es la mejor manera.

No quiero que lo entiendas, quiero que lo sientas.

Etéreo paisaje tu sonrisa. Melifluo tu voz. Inefable sentimiento por vos. Sonámbulo sobre la arena blanca de la playa, rain-wallpaper-2amores de otra época. Entre tantos brazos buscaba los tuyos y me sorprendí con  la serendipia de tus besos. Limerencia constante. Quedamos como las nubes en arrebol mientras la luz de tus ojos producía la iridiscencia. Tu cuerpo desnudo frente a mi fue una epifanía y tus manos y su luminiscencia me provocaron un estado perfecto de soledad que duro hasta la aurora y quedo en el olvido. Fue nuestro encuentro tan efímero pero con tanta incandescencia que opaco la elocuencia de cualquier discurso y provoco la efervescencia de la sangre e hizo mi corazón inmarcesible y hallo en ese instante su desenlace.

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Capitalismo (?)

(…) se escucha un tiro, solo un tiro. El aire dentro del piso se corta con un alfiler, gotas de sudor se suicidan de las frentes blancas de los empleados. El ruido ha venido de la oficina del gerente. Las miradas cruzan de lado a lado de la habitación infestada de papeles, del techo bajan tubos fluorescentes que parecen flotar a un metro del cielorraso blanco. Del baño salen dos personas arreglando sus ropas, un hombre y una mujer, que han escuchado el estruendo y no entienden nada; nadie o casi nadie entiende nada. Del box más próximo al ascensor, al otro lado de la gerencia, sale caminando con  firmeza admirable una joven preciosa, de 27 años de edad, cabellos obscuros, cuerpo delgado, tonificado, vestía ropa de oficina. El paso era triunfal, sus largas piernas se cruzaban delante y sus cadera se meneaban lado a lado, sabía bien que sucedía.

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