Solo un sentimiento (desempolvando viejas añoranzas)

Es una constante que en todos los viajes que realizo los distintos “acentos” se me “peguen”. Es decir, voy a Córdoba y retorno hablando cordobés, voy a Salta y retorno hablando salteño y así a todos los lugares que voy. No se porque me pasa esto pero sucede y no lo puedo evitar.
También cada vez que viajo puedo observar que en el interior del país el sentimiento de pertenencia de los habitantes -que no sean de la provincia Buenos Aires- es mayor que el que sentimos los bonaerenses o por lo menos se nota mas. El orgullo que sienten sobre su provincia es gigante. El “amor” que demuestran a su territorio es digno de admiración y produce un cargo de conciencia, por lo menos, en las personas que notamos esta diferencia. Yo quisiera ser o, mejor dicho, sentir lo que ellos sienten pero es cuestión de corazón y los bonaerenses -debemos reconocerlo- poco corazón tenemos.
En las otras veintidós provincias -no cuento a la ciudad autónoma de Buenos Aires- hay un sentimiento de rechazo a los bonaerenses que bien merecido lo tenemos. Digo esto por una cantidad innumerable de causas. De todas formas esto que les comento no es nuevo y se remite a los tiempos de formación de nuestro país -1800 en adelante-.
El egoísmo, como principal causa de todo, nos ha aislado de nuestros hermanos. El intento de centralización -no solo de poder- por parte de los bonaerenses me obliga a remitirme a la eterna lucha entre federales y unitarios, que lejos de ser lo que era, sigue existiendo.
Si los bonaerense -y ahora si los porteños- tomáramos conciencia de que el “odio” -en un sentido restringido de la palabra- que sienten los habitantes del interior por nosotros es pura y exclusivamente “autosembrado” podrimos tratar de solucionarlo. Hay que intentar hermanarnos de forma pura y sentida. Por que como decía José Hernández en su Martín Fierro :

Los hermanos sean unidos,
Porque ésa es la ley primera.
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea-
Porque si entre ellos pelean
Los devoran los de ajuera.

Esta familia que tiene como madre a la Argentina y son las provincias hermanas. No hay mayores ni menores, nacieron todas en un mismo parto. Esto debemos entenderlos los bonaerenses -mas aun los porteños- no hay diferencia entre provincias. Para lograr la unidad es preciso resignar sentimientos de superioridad. No hay superiores ni inferiores todos en igualdad de condiciones. (Me salio medio verso -sin quererlo-). Respetémonos, “tiremos” todos hacia un mismo lugar y seremos gigantes.

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